INFORMACIÓN
Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 915060975
Pedidos librería: 915392659
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José Bueno Laserrada nació en Sos del Rey Católico. A los 4 años la familia se trasladó a Luceni, donde se arreglaron con el sueldo que el padre recibía del Estado y una mini granja. A los doce años se trasladó a Zaragoza con sus abuelos, recorriendo diferentes colegios hasta entrar a trabajar en M.M. y C., alternado el trabajo con viajes por España. Montó una empresa con sus hermanos y siguieron los viajes hasta que se casó en Albacete, después de haber recorrido Marruecos e Ifni, Jordania y Arabia Saudí; también todo el centro de Europa: Portugal, Francia, Italia, Islas Canarias, Las Azores, además de California y México, así como diversos lugares de la Península. Se estableció en Zaragoza formando una familia.
Cuando la edad se apoderó de su alma viajera, comenzó a escribir sus viajes en su retiro en Zaragoza.
“Vino al mundo sobre el año de gracia de 1494 aproximadamente, sin que tenga certeza año más o menos, reinando en España Fernando e Isabel, llamados por el clero Reyes Católicos.
A los pocos días de nacer le dejaron en el quicio de la puerta de una humilde familia, donde debió de hacer una de sus primeras comidas, como no llegó con un pan bajo el brazo (ni siquiera migajas). No tardaron en llevarle a un convento de religiosas para quitarse de en medio una boca más, que junto a las siete que ya tenían, no se podían permitir más repartos de la poca comida que podían recoger tras muchos esfuerzos...”
Se dieron un abrazo y cada fracción siguió su camino.
- Aquí está donde les engañaron, cegaron el camino principal, abrieron este que lleva a las montañas, ahora nosotros debemos seguirlos, hay algo que es importante, por aquí ahora no han pasado, no nos podemos confiar, nos pueden alcanzar y esperarnos donde les interese, así que hay que tener cuidado.
Llevaban como quince días, y los guías estaban inquietos como olfateando algo que a los demás no les afectaba, se salió del grupo, les adelantó en una carrera veloz uno de los guías, volvió sudoroso, habló con su hermano, fueron los dos a hablar con el capitán que les vio con inquietud.
- Nos están esperando en un cañón, en el recodo del río, son como unos sesenta, tienen grandes piedras para espantar los caballos y aplastar a los soldados, tienen vigías y están al acecho.
(...)